Noche y Niebla No. 39

 

Perfiles totalitarios

- Contenido
- Presentación
- Estadisticas
- Casos del periodo

- Listado de víctimas


 Acaba de llegar a mi buzón el siguiente comunicado, de muy buena fuente:
“Familias campesinas de Remolinos del Caguán piden a la justicia colombiana la libertad de sus seres queridos y dicen no más a los montajes judiciales contra la población civil. Las comunidades campesinas…han sido objeto de múltiples violaciones a los Derechos Humanos…Continuamente vienen registrándose detenciones masivas a partir de montajes judiciales para encarcelar y estigmatizar a los campesinos que habitan las regiones de la antigua zona de despeje, con el supuesto, de que quienes las habitan están vinculados de alguna manera con la insurgencia”.

A juzgar por las informaciones que recibe a diario el Banco de Datos del CINEP, ese tipo de violación de los derechos humanos no se aplica solamente en el Caguán, es común al resto del país. Uno recibe la impresión de que es el actual sustitutivo de la masacre, entendida como eliminación masiva de ‘enemigos del régimen’ por medio del asesinato. El régimen, desde luego, tiene una cara política y otra económica. El paramilitarismo, que también tiene las dos caras, fue el encargado de aterrorizar mediante las masacres y así ‘despejó’ enorme extensiones de territorio explotable. Ahora, ha cambiado su estrategia por la intimidación a través de las detenciones arbitrarias y las amenazas. En el período de enero a junio de 2009, Noche y Niebla registró 376 amenazas y 145 detenciones arbitrarias. De las amenazas 300 provienen de los paracos: panfletos, boleteos y llamadas telefónicas insultantes. Las detenciones abusivas, obviamente, son realizadas por el Ejército y la Policía. El mayor número de amenazas han tenido lugar en Atlántico y Nariño. Las detenciones arbitrarias han sucedido más que todo en Cesar y Antioquia.

 En el primer semestre del 2008, las amenazas registradas por el CINEP fueron 299 y las detenciones arbitrarias 193. Aumentaron ambas este año. Y aunque el registro de Noche y Niebla no es una estadística científica, sí es un indicador que refrenda lo que se respira en el ambiente. A saber, que las organizaciones sindicales y, en general, todas las asociaciones de hombres y mujeres de bajos ingresos se sienten hostilizadas por los servicios de la seguridad democrática.

 Esta sensación no es ilusoria ni aprensiva. Todo lo contrario. Es la percepción agudísima y real de que el etos paramilitar, o sea, la prevalencia de la fuerza sobre el derecho, del dinero sobre la lealtad, de la captura del poder sobre el servicio público son, hoy por hoy, los valores corrientes y más comunes en Colombia. Como lo saben hasta los niños de escuela, esta degradación ética no es típicamente colombiana. Lo cual hace más urgente la necesidad de buscarle remedios, para construir un mundo vivible.

 Ese esfuerzo de construcción es lo que denominamos democracia: es decir, el diálogo civilizado sobre la manera de apropiarse el territorio y de distribuirse sus recursos. El suelo no puede ser ocupado sobre la base del despojo a costa de destierro y asesinato, porque esas son formas de suicidio colectivo. El que a hierro mata a hierro muere. Los recursos no pueden ser distribuidos sobre el principio de la desigualdad injusta. También esa forma es suicida. Ladrón que roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Por eso la amenaza y el abuso del poder por la fuerza pública tienen que ser denunciados y extirpados.

 Colombia aspira, según está escrito, a ser una República Democrática. Pero de sus dichos a sus hechos hay grandes trechos. Avanza velozmente hacia convertirse en una Reprivada porque el espacio público, entiéndase suelo, vivienda, salud, educación, política, se lo están apropiando los más tramposos y los más rapaces. Y ya está mostrando que quiere ser PlutoAutocrática, porque insiste en poner al frente de los destinos nacionales a un autócrata que favorece a los ricos sobre los pobres, y a los grandes empresarios sobre los pequeños productores. Es evidente que no es el primero de los plutócratas colombianos, pero sí es, por el momento, el más exitoso de los autócratas de este país.

 Frente a todo lo cual, el camino es insistir en la democracia, construir desde abajo, cimentar sobre la educación y resistir a la fuerza. Este último método es muy difícil de poner en práctica, porque supone jugarse la vida. Pero es el único camino hacia la libertad. Y el no recorrerlo nos vuelve a traer a la infortunada y detestable situación de que a falta de masacres, buenas son detenciones arbitrarias.

Alejandro Angulo S. J.
08 de octubre de 2009